Depresión
Por Alejandro Crimi
Esto de la depresión es una puta mierda. ¿A tí te ha pasado?
Ufffff, es tremendo. De repente sientes que las cosas pierden su sentido, la capacidad de empatía se te desmorona, y el Juez Supremo de tu Sistema Operativo (S.O.) te declara culpable de un crimen que no has cometido. Y te condena a una angustia eterna sin lógica de ningún tipo. Es muy duro... vaya si lo es: toda la arquitectura social fallará en tu contra.
¿Qué hacer? Pues nadie lo sabe. Por defecto, el S.O. te empujará brutalmente al mercado de la salud mental, donde el producto a comprar está etiquetado como "terapeuta". Luego el terapeuta te meterá en una "terapia" y te hará tomar sustancias terapéuticas. Todo sería más o menos tolerable si al menos un porcentaje bajo de los "enfermos" de depresión lograran curarse. Pero no. Casi nadie se cura.
En los últimos años se ha descubierto una vía de tratamiento que reduce la depresión con una eficiencia nunca antes vista: la psicodelia. Pero es una vía que contradice la totalidad de los paradigmas médicos y terapéuticos que se vienen proponiendo desde siempre en psicología y psiquiatría. Por supuesto que esto ha activado a una gran masa de médicos, abogados, terapeutas, científicos y pseudoterapeutas que intentan colonizar este novedoso espacio psicodélico para poder subirlo al mercado. Si fracasan en el intento, lo demonizarán: no se trata de diversificar mercados.
¿Por qué digo todo esto? Pues porque estoy deprimido. La angustia por momentos me quema el pecho.
A mi madre nunca la conocí SIN depresión. Se puso en manos de terapeutas muy distinguidos que, además de vaciarle los bolsillos, le quemaron la cabeza con medicamentos experimentales de época. El resultado fue que vivió y murió con depresión, sin tener la más mínima idea de qué le pasaba y por qué. Pobrecita... Consumió litio en todas sus formas y variantes.
Por todo esto es que me planteo cómo poder enfrentar la depresión, sabiendo que el éxito que me ofrecerá el Estado es, en el mejor de los casos, ineficiente y traumático.
Ufffff, da vértigo...
Pero si uno logra entender qué carajos pasa en la depresión, al menos se mantienen esperanzas. La comprensión de un fenómeno patológico no alcanza para curarlo, pero abre puertas.
Tengo que entender que soy uno de los 8.200 millones de personas que andan dando vueltas por ahí. Que la zona donde habito está monopolizada por un sistema brutal y sexy que utiliza todos sus recursos para atraer mi atención y venderme algo. Es el famoso capitalismo. El sistema sólo me ve como consumidor, y no le intereso en ninguna de mis otras facetas. Ese sistema se mantiene a través de un curioso método de representación ciudadana, llamado democracia. De la misma forma en que los gobiernos militares implementaron muchas dictaduras el siglo pasado para controlar o explotar a las poblaciones civiles, los gobiernos empresariales actuales implementan muchas democracias para lo mismo. Y la cosa no parece ir muy bien, porque la Realidad se está disolviendo. El contrato social que sostiene la validación del capitalismo ya no soporta las tensiones internas y está a punto de estallar. Son procesos lentos y graduales, que se van acelerando a medida que evolucionan o se acercan a su etapa final.
Todas las instituciones a las que puedo acceder (familia, ayuntamiento, escuela, iglesia, universidad, hospital, juzgados, etc.) me pueden llegar a ver como un enemigo (terrorista, demente, monstruo o demonio) si no muestro empatía con el capitalismo. Son las mismas instituciones que me han hecho creer que soy casi tan especial como un Dios, y que eso de las especies es algo ajeno a mi divinidad. Y también me han hecho creer una enorme cantidad de barbaridades y estupideces. El resultado es que, al igual que todo el mundo, estoy totalmente aislado. La única libertad que me ofrece el sistema es la de consumir.
¿Y qué pasa con quienes no tienen capacidad económica de consumo? Imagínalo...
El conjunto del sistema, ha dañado gravemente la salud del planeta y ha generado una asimetría pornográfica entre los que más tienen y los que menos tienen. Y para colmo de colmos, ha facilitado el poder a una banda de delincuentes cutres y desalmados (Trump, Milei, Netanyahu, etc.) que en el intento de depredar el mundo generan genocidio, sufrimientos y conflictos desastrosos.
Frente a esto, la gente no reacciona (¿por qué perdió esa capacidad?) e incluso se manifiesta a favor de los delincuentes en muchos casos.
¿Qué tiene que ver todo esto con la depresión?
¿No lo ves? ¡Es clarísimo!
Si eres una persona sana mentalmente, y tomas conciencia del sistema que te contiene, lo único lógico que puede pasar es que te transtornes. Si no te traumas, es que en realidad eres un/a inconciente.
Si te resulta indiferente que el presidente de la primera potencia mundial, sea un patético subnormal, un imbécil inculto, un terrorista mentiroso que el electorado de la decadente EE.UU. le dio el poder de gobernar el mundo... Es que ya no eres persona. Eres una patología bípeda, manipulada como idiota útil por el sionismo de Israel.
Si te resulta indiferente la extinción masiva de especies animales y vegetales, y suscribes a conspiranoias delirantes para mirar hacia otro lado (porque en realidad estás aterrado/a pero no lo quieres reconocer porque eres "especial")... eres un/a maldito/a fantasma errante. Has muerto hace tiempo pero nadie te lo ha notificado.
Si todavía no aceptas que lo de derecha e izquierda suponen en la actualidad relatos obsoletos y mutantes de un sistema en descomposición... perteneces al electorado funcional de la Hypnocracia.
Entonces... ¿qué pasa si a pesar de los tiempos todavía guardas en tu conciencia una pizca de sensibilidad o empatía? ¡¡¡Pasa que te vas a deprimir!!!
Es anormal no deprimirse en un contexto como el que detallo.
Si tu pareja se folla a tu jefe o a tu mejor amigo, o si un familiar cercano fallece, tendrás tristeza. Duele muchísimo, pero es normal. Es parte del vivir y del morir. Esa tristeza puede durar mucho o poco, según quien la padezca, pero en todo caso tiene un origen concreto y personal que la hace legítima.
Pero la depresión va por otro lado. Si confías en el sistema, nunca podrás desentrañar las causas o el origen. Te faltará algo esencial. Es como el tema de los desaparecidos (no hay cadáver). Es cruel.
Si tienes depresión, el sistema te dirá que estás enfermo. Te culpará de no producir lo suficiente como para consumir lo que deberías. El sistema asociará lo que te quede de pensamiento crítico con un trauma infantil que hay que desactivar. El sistema te aislará de tus amistades, te estigmatizará, te etiquetará como paciente que le falta litio. Te enterrará vivo.
En definitiva, la depresión no se origina en nuestro Yo. Es la manifestación del pathos social que vivimos. No estamos enfermos, estamos habitados por una realidad insostenible. Nuestra conciencia no necesita ser curada, sino liberada. Debemos reaccionar ante la "normalidad" programada que nos inculca el sistema.
La depresión no debe entenderse como un error neuroquímico individual, sino como una respuesta lógica y legítima a la tensión demencial del capitalismo. Es una "huelga del sujeto" ante un sistema que le exige productividad y consumo mientras destruye los vínculos comunitarios y el sentido de futuro.
Y hay que entender que la Psiquiatría y la Psicología no son neutrales; son la policía del sistema que opera dentro del constructo social que las contiene. Su función actual es la normalización: transformar el malestar social en patologías individuales para que el sistema no sea cuestionado.
Por eso existe una sobrepoblación de terapeutas y coaches que funcionan como amortiguadores ideológicos. Su labor de "gestión emocional" e "individualización del estrés" actúa como una barrera que impide que el dolor se colectivice. Al privatizar el sufrimiento, evitan que este se transforme en una fuerza política de cambio.
El aumento masivo de diagnósticos en los últimos años y el uso de psicofármacos no es un avance de la medicina, sino el intento desesperado de un sistema moribundo por anestesiar una mutación de conciencia que ya no puede controlar. La medicalización es la última línea de defensa contra un cambio de era inminente.
La solución a la depresión no vendrá de "mejorar" las herramientas técnicas actuales, sino de un cambio de conciencia profundo tras el inminente colapso del capitalismo.
En este nuevo escenario, la "salud mental" debería dejar de ser una clasificación dual (sano/enfermo) para respetar la diversidad neurofísica sin jerarquías de productividad. Y el rol de quien acompaña debería dejar de funcionar como un "mecánico" que arregla piezas, para ser el de alguien que sostiene la angustia y la incertidumbre del derrumbe sin intentar mercantilizarlas. Pero es cierto que esto último ya suena a utopía... En definitiva es la incertidumbre lo único concreto que se visualiza en el cambio de era. Ufffff, esto me deprime...
La paradoja
Hasta aquí, lo expuesto parecería tener cierta coherencia (digo coherencia, no verdad) pero siempre hay un pero. En este caso cuando hablamos de S.O., capitalismo o "sistema" pareciera que hablamos de un enemigo externo cuando en realidad somos nosotros mismos. Es la decadencia de nuestra conciencia política y social. Si cae el capitalismo, seremos nosotros los que caeremos. Si lo superamos por un sistema más apto para planeta que tenemos, será porque nuestra conciencia evolucionó y creó un constructo más sano. Hablar de "sistema" es una metáfora para señalar a nuestra conciencia de grupo. Aquí no hay ni reptilianos ni anunnakis que se hayan apropiado del capitalismo. El problema de Milei en Argentina no es que un mesías sionista con perros clonados y transtornos mentales esté gobernando una nación. El problema real es que la mayoría del electorado lo votó, lo que indica que el "pueblo" está gravemente enfermo. Pero está tan enfermo que no tiene conciencia de ello, y por eso no asume responsabilidad alguna y se victimiza. Todos los votantes de Milei que he conocido dicen "me engañaron", "estaba desesperada", "los peronistas son peores" o "buscaba un cambio". La responsabilidad popular se ha esfumado junto con la diplomacia, las buenas costumbre y los códigos éticos. El pueblo se transforma en "chusma".
Por supuesto que detrás de todas las actividades políticas están los grupos empresariales de siempre que se articulan para robar. Pero eso ha pasado siempre desde que tengo memoria, lo cual es más grave (si siempre pasa lo mismo con los mismos porqué nadie hace nada).
"El infierno son los otros", decía Sartre. Pero el problema somos nosotros.
Y para traducir esta paradoja en clave de depresión, hay que saber poner algunos matices sobre la mesa. Si mi Yo no está enfermo, es la sociedad quien lo está. Pero la sociedad genera el sistema y a su vez contiene mi Yo. Por lo tanto, en el mejor de los casos, debo asumir que soy parte de la enfermedad. Y me tengo que responsabilizar por ello.
Joder, que feo decir todo esto! Ufffff!
Ufffff!
Tengo ansiedad. Noto que respiro con la parte alta de los pulmones. Mi desmotivación es integral. Y esto hay que ocultarlo, ya que socialmente está muy mal vista la depresión. Hay gente que incluso piensa que no existe, que es una debilidad del Yo, o un problema de voluntad. Desde la New Age me pondrán distancia, porque altero la famosa "Ley de atracción". A la gente la deprime ver a un deprimido.
¿Ganas de morir? ¡Obviamente! ¿A quién le podría gustar vivir en un mundo que culpa de sus fracasos a los inmigrantes? ¡Esto es un asco!
Tengo conciencia de no estar en el límite, de lo contrario no podría haber escrito esto. Mi libido, empatía y sensibilidad se encuentran en estado de shock ante el tsunami de descontrol emocional que nos ahoga.
Mis pulsiones de supervivencia me dicen que no crea nada, ni siquiera que estoy enfermo. Si puedo analizar la Realidad, podré determinar qué es lo enfermo. El pensamiento crítico, es una herramienta invalorable en estos casos. No me pienso odiar por la angustia que siento. En todo caso proyectaré mi impotencia hacia la estructura patológica del sistema: la depresión es un constructo funcional al capital.
Y la forma de apostar por la recuperación puede tener diversas variantes domésticas:
- En vez de leer a Joe Dispenza, conviene releer a Thomas Szasz. Y cambiar los libros de Bert Hellinger o Ryke Geerd Hamer por cualquiera de Ronald David Laing o David Cooper.
- Cambiar las benzodiazepinas por psicodélicos (psilocybe, DMT, LSD, etc.).
- Nutrir la propia rebeldía y resistir la pasividad que inculcan las instituciones.
- Cagarte en Dios y colgar en tu casa una foto de Mijail Bakunin, Simone Weil o Severino Di Giovanni.
- Practicar algún deporte y nunca dejar de follar.
- Abandonar las redes sociales y escuchar buena música.
- Expandir la conciencia.
- ¡Insumisión existencial!: Es lo que te hace estar deprimido y no ser un deprimido.
- Tomar un Humorazepán, todos los días antes de ir a dormir: El humor negro es el último cortafuegos que el capitalismo no ha podido hackear.

