No todos los ángeles son demonios
Salou, 14-01-2024
Ayer a las 12:00 hs fuimos con Ludovica y Valeria al Bar Parada Tapas, en carrer Barcelona 45 (43840, Salou). Particularmente me interesaba un cartel que exhibían donde se podía leer: "1 caña más tapa: 1,6 €". Mi matemática cerebral generó en automático una ecuación que suponía que por 16 euros podría beber 10 cañas y comer 10 tapas. Algo que evalué como muy adecuado para la supervivencia de un sábado.
Las cañas comenzaron a desfilar por la terraza del bar acompañadas por estridentes y caóticos brindis, y a medida que pasaba el tiempo las tapas se quedaban cortas y las risas largas. Así fue que pedimos primero unas patatas bravas, luego unas croquetas, después unos chipirones... y hacia las 16:00 hs otras patatas bravas.
En un momento de la performance amistosa, nos sacamos un selfie para enviárselo a nuestro amigo Ángel. Acto seguido me levanté para ir al baño y desocupar la vejiga. Y justo cuando estoy entrando al local en busca del WC, un hombre sentado solo en una mesa, al lado de la puerta, me dijo con convicción: "Moraleja. No todos los ángeles son ángeles."
Frente al mingitorio, mi cabeza no dejaba de pensar en qué había querido decir ese hombre, con esa frase tan pletórica. ¿Habría escuchado que nombramos a Ángel para el selfie, y de ahí la referencia de sus "ángeles"?, ¿qué lo llevaba a desconfiar de todos los ángeles?, ¿qué lleva a un hombre solo a proferir moralejas desde la mesa de un bar? Si los ángeles que no son ángeles, ¿qué son en realidad? En fin, eran muchos interrogantes y ninguna respuesta.
De vuelta del WC, al pasar al lado del enigmático hombre que relativizaba a los ángeles, le dije con timbre retórico y muy firme: "Moraleja 2. No todos los demonios son demonios." Se lo dije de manera automática, como forma de no concederle la última moraleja.
Escuché una ruidosa carcajada mientras caminaba hacia mi mesa.
A los pocos minutos de sentarme, el camarero nos informó que el hombre de al lado de la puerta nos invitaba una ronda de cervezas.
Lo miramos para agradecerle el gesto, y observé que el hombre tenía una anomalía congénita en los dos brazos y manos. Probablemente se trataba de un tipo de ectrodactilia. Ví que sus brazos eran muy cortos y algo doblados, y que en cada mano tenía un solo dedo a modo de gancho pirata. La anomalía no le impedía en absoluto levantar su botellita de cerveza para realizar el gesto de brindis.
Lo invitamos a sentarse con nosotros y accedió sonriente. Al presentarse dijo:
—Aunque no soy religioso, me llamo Jesús.
Y así supimos que andaba en una bicicleta que estaba atada a un poste de la luz enfrente nuestro, y que hacía unas semanas había tenido un accidente con la misma: Al llegar a su casa en la bicicleta, después de haber bebido siete copas de whisky, calculó mal un desnivel del suelo y allí quedó, con una ceja sangrando y el brazo derecho quebrado.
También supimos que Jesús nació en Zaragoza hace 55 años, que estaba separado y que tenía una bella hija adolescente.
Amable, inteligente y con sentido del humor, Jesús desplegó en todo momento un buen ejercicio de la conversación.
Cuando nos dispusimos a marcharnos, me dijo burlón "choque esos cinco" y me ofreció su mano de un dedo. Apreté con afecto y calidez su gancho pirata y le agradecí su ronda de cervezas. Me pasó su número de teléfono y se dispuso a coger la bicicleta para cambiar de bar. Su objetivo: "El Sabor", por la vereda de enfrente y 50 metros hacia arriba.
Al llegar a casa me dí cuenta de que no le pregunté a Jesús qué había querido decir con eso de "Moraleja. No todos los ángeles son ángeles."
